1.- Siervo fiel

 

Jesús anhela que sus siervos sean fieles, para darles premios (Mateo 24.45-47) y no azotes (Lucas 12.47). Los siervos fieles obran con obediencia completa tomando en cuenta no solamente el “qué” de lo que su Señor ha mandado, sino también el “cómo”, y más allá todavía, “quién”, “con qué” y “para qué”. Quienes se dan por satisfechos haciendo el “qué” y nada más, no son siervos fieles, y es muy probable que con el “qué” estén ellos obteniendo algunos beneficios para sí mismos, porque el “cómo” requiere una mayor obediencia del que aspira a ser Su siervo. “Quién”, “con qué” y “para qué” expresan la voluntad verdadera y pura de agradar al Señor y no a los hombres (Gálatas 1.10), eliminando todo riesgo de que sea para sus propios vientres ó para recibir gloria de los hombres.

 

Algunos ministros deberán reflexionar si le siguen siendo fieles al hombre y a la denominación que con sus tradiciones invalida el mandamiento de Jesucristo, o se deciden para ser fieles al Señor (Mateo 6.24).