48.- Ministros ofreciendo fuego extraño

Si de aquello que solo era figura y sombra de las cosas celestiales, a Moisés le fue ordenado que lo hiciera conforme al modelo que se le mostró en el monte (Hebreos 7.44 y 8.5), ¡¡¡cuánto más nosotros!!!, si queremos ser ministros competentes del nuevo pacto, no del de la ley (2ª. a Corintios 3.6), deberíamos obedecer al Señor (Juan 14.15), y edificar la iglesia de Jesucristo conforme al diseño que ÉL nos muestra en el nuevo testamento, porque Jesucristo no es mediador del viejo pacto (Hebreos 12.24), como tampoco es sacerdote levita del pacto antiguo (Hebreos 7.11).

 

Repetimos muchas veces que el Señor viene ¡pronto, ya!; pero eso no sucederá todavía mientras nosotros no hayamos forzado a entrar (Lucas 14.23) a la plenitud de los gentiles (Romanos 11.25). ¿Está Israel bajo ataque? Es culpa de nosotros los “cristianos”, porque hemos nulificado la obra pacificadora de Jesús en la cruz entre Israel y los demás pueblos (Efesios 2.14-16), al hacer que las iglesias vivan en una mezcla de ambos pactos, siendo que Jesucristo ya abolió el antiguo (Efesios 2.15, Colosenses 2.14, Hebreos 7.18-19 y otras), porque cuando se hace un nuevo testamento, el anterior pierde su validez (Hechos 8.13).

 

Si viviéramos en la locura de la cruz como lo hicieron aquellos ministros competentes de la iglesia primitiva, Dios continuaría hoy y durante todas las generaciones (Efesios 2.7) destruyendo la sabiduría de los sabios y el entendimiento de los entendidos, por las demostraciones de poder (1ª. a Corintios 1.19 y 18, 2.4-5 y 4.20), manifestadas a través de ministros aprobados (Hebreos 2.4). Haciéndolo así, la iglesia cumpliría su misión en este mundo ante los principados y potestades celestiales (Efesios 3.10) que todavía lo gobiernan por la escasez de ministros que militen en el Espíritu (2ª. a Corintios 10.3-5). 

 

 

UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

(Solo para ministros de la iglesia)

 

  1. Me entusiasma comprobar que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo –que son tres personas distintas- trabajan en equipo, en armonía, sometidos unos a otros. Esto queda demostrado ante nosotros con el hecho de que Dios pone en la iglesia 8 personas para que ministren (sirvan) a la congregación de los santos (1ª. a Corintios 12:28-30), cada uno con una operación  específica asignada por el Padre (1ª. a Corintios 12:6), para que también nosotros aprendamos a trabajar en equipo, sometidos unos a otros, y así Dios pueda dar crecimiento a la iglesia (1ª. a Corintios 3:6). Un ejemplo digno de imitar, para ir tomando la semejanza de Él (Efesios 5:1).

 

  1. De entre esos  8 servidores, Jesús toma a los primeros 5 (que se mencionan en ese orden no porque el primero tenga autoridad sobre los demás), y les asigna diversidad de ministerios (1ª. a Corintios 12:5) para lo cual en concordia con el Padre los constituye apóstoles, profetas (cimiento de la iglesia según Efesios 2:20), maestros, evangelistas (los que hacen milagros) y pastores (los que sanan a las ovejas), con el encargo específico de ministrar entre todos ellos el  perfeccionamiento de los santos, para preparar una nueva generación de obreros bien calificados (no ineptos como abundan), quienes continuarán la obra en cadena  sucesoria a fin de que perpetuamente se realice la obra del ministerio (Efesios 4:11-12) y de esa manera no le impidamos a Dios mostrar en los siglos venideros las abundante riquezas de su gloria (Efesios 2:7) a través de señales, milagros y prodigios (Hebreos 2:4).

 

  1. Los últimos 3 servidores ministros puestos por Dios en la iglesia, no participan en el perfeccionamiento de los santos; pero sí tienen unas actividades específicas, de manera que al desarrollarlas, aquellos 5 no se distraigan si tuvieran que hacer estas otras cosas también (Hechos 6:2).

 

  1. Luego el Espíritu Santo, sabiendo cuál fue la elección del Padre y del Hijo respecto a estos 8 servidores escogidos, dice: “Muy bien, si el Padre  y el Hijo les asignaron estas operaciones y ministerios en el Cuerpo, yo voy  a darles las manifestaciones del Espíritu que cada uno necesita para provecho de la congregación (1ª. a Corintios 12:7). Y se pone a repartir esa diversidad de dones (12:4-11). Esta dispensación la realiza el Espíritu Santo no directamente a los nuevos servidores, sino a través de quienes actualmente ya están desempeñando sus operaciones y ministerios habiendo sido aprobados anteriormente para ello (Romanos 1:11) como ministros competentes del nuevo pacto (2ª. a Corintios 3:6).

 

  1. Por el contrario, el Espíritu Santo no tiene ningún compromiso de dispensar estos dones a aquellas personas que no fueron puestas por el Padre ni constituidas por el Hijo, sino que fueron puestas por los hombres para hacer la obra, siendo esta una de las razones por las cuales los ministros en su mayoría no pueden trabajar en equipo, prefiriendo establecer liderazgos unipersonales y dominantes, en rebeldía contra Dios y en idolatría de sus propios pensamientos (Jeremías 18:15).

 

  1. El trabajo en equipo es una estrategia de Dios trino –quien conoce bien nuestra naturaleza humana- para darnos ejemplo y oportunidad de que aprendamos a someternos unos a otros,  que nadie tiene mando absoluto sobre los demás, porque tratándose de ministros, ninguno es más que otros (gálatas 2:6 versión castilian), aunque la operación o ministerio que desarrolla alguno pareciera ser más importante a los ojos de los hombres, pero que delante de Dios los más débiles resultan ser los más necesarios (1ª. a Corintios 12:22).

 

  1. Dado que nuestra manera de pensar es muy diferente a la de Él, muchos ministros persisten en edificar la iglesia según sus propias mejores ideas, lo cual es idolatría (Jeremías 18:15), porque en realidad ellos no han sido transformados por la renovación de su entendimiento (romanos 12:2), sino que continúan en la vanidad de su mente, y teniendo el entendimiento todavía entenebrecido (Efesios 4:17-18), no puede resplandecerles a ellos la luz del evangelio de Cristo (2ª. a Corintios 4:4), aunque lo prediquen de palabra.

 

  1. Esto sucede así porque improvisadamente se pusieron a sí mismos o fueron puestos por los hombres a hacer la obra, y consecuentemente, entre los ministros se manifiestan muchas desavenencias, ya que los miembros que se creen más dignos, más decorosos; los que cosechan aplausos, admiración, ofrendas, etc., menosprecian a los que somos menos dignos (v. 23-25).

 

  1. ¡Cómo nos hace falta aprender a soportarnos unos a otros con paciencia! ¿Será porque nos falta el amor de Dios en nuestros corazones? El fruto visible que se manifiesta en las iglesias es muchos cuerpos, muchas diferentes esperanzas de vocación, muchos señores, muchos dogmas de fe, diferentes doctrinas y ceremonias de bautismo, por lo cual el único Dios invisible e imposible de que lo podamos dividir (Efesios 4:2-6), -que si se pudiera, también eso hubiéramos hecho- no otorga la adopción de hijos (Gálatas 4:5) a quienes han sido escasos e indiferentes en guardar la unidad del Espíritu.

 

  1. En ocasiones se realizan eventos diversos: Cruzadas de milagros, conciertos musicales, marchas con globos y banderas de colores que “glorifiquen” el nombre de Jesús, las cuales se parecen a las peregrinaciones católicas aunque portan ídolos diferentes; jornadas de oración, e inclusive cursos interdenominacionales para adiestramiento de líderes.   De esta manera, según dicen los organizadores, están procurando  la unidad de todas las iglesias cristianas de la ciudad en torno a ese evento. Esto es un engaño del enemigo, porque la unidad que Dios quiere no es en lo exterior, mientras permanezcan todos con sus diferencias, y solo por un momento aparentar que somos uno. Si no podemos engañar al mundo, quien claramente observa nuestras divisiones, y que esa es una de las razones por las que muchos no creen (Juan 17:21), menos podremos engañar a Dios.

 

  1. Convertirnos a Jesús no consiste en repetir una oración, sino en abandonar nuestra inicua manera de pensar, permitir que seamos transformados por la renovación de nuestro entendimiento, ser verdaderamente nuevas criaturas y no conformarnos con una vana ilusión de que lo somos, hasta que lleguemos a tener la mente de Cristo (1ª. a Corintios 2:16), que ya no pensemos como siempre lo habíamos hecho, sino que nuestros pensamientos hayan sido sustituidos por los pensamientos de Dios, los cuales ya hemos leído en la palabra; pero no hemos querido someternos a ellos por seguir en la vanidad de nuestra mente.

 

  1. También se acostumbra entre las organizaciones religiosas realizar una reunión mensual de pastores, llámesele fraternidad, consejo o de cualquiera otra manera, porque lo importante no es el título, sino la función, el fruto. Esas reuniones también son con el propósito de procurar la unidad de las iglesias; pero volvemos a lo mismo: Mientras permanezcan las diferencias doctrinales, no somos siervos de un mismo Señor, no somos hijos de un mismo Padre, y no estamos siendo guiados por un mismo Espíritu.

 

  1. Tenemos también el caso de las radiodifusoras y televisoras cristianas. La idea del ecumenismo les ha llevado a una apertura total para todas las expresiones de cualquiera que se diga ser ministro cristiano, de manera que allí podemos escuchar doctrinas opuestas, y las ovejas entran en una situación de desconcierto debido a esa falta de unidad en la doctrina, los dogmas de fe, y otros aspectos más de la vida de la iglesia.

 

  1. En esta situación, hemos desagradado a nuestro Dios, queda evidente que le hemos impedido a Jesús que nos dé la gloria que el Padre le dio a Él, y que Él a su vez le dio a sus discípulos de la iglesia primitiva, por lo cual nuestra supuesta unidad es muy imperfecta, y en consecuencia, al mundo a quien tanto decimos querer ganar, le hemos puesto un gran impedimento para que crean (Juan 17:18-25).

 

  1. Dos personas que no sean guiadas por el mismo Espíritu, van a tener diferencias doctrinales. Alguno de los dos, o quizá los dos, permanecen caminando según la carne, se han extraviado de la verdad, y es necesario que alguien les exhorte para volver a ella (Santiago 5:19-20). Más de 2 mil 500 millones de cristianos en todo el mundo, con diferentes dogmas y doctrinas, y todos diciendo ser hijos de Dios y guiados por el Espíritu. Eso es imposible.

 

  1. Ciento cuarenta y cuatro mil personas que sí sean guiadas por el Espíritu Santo, que no necesariamente pertenecen a la misma congregación, sino que quizá estén dispersos por el mundo, que ya han aprendido a soportarse con paciencia, a tener una misma esperanza, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, y un Dios y padre de Todos; cuando llegue el momento de que los 4 ángeles pongan el sello, estos escogidos habrán alcanzado la condición de ser verdaderos siervos de nuestro Dios (Apocalipsis 7:3).

 

  1. Para nuestro provecho personal, en aras de ser hallados en Él (filipenses 3:9), y no perder alguna,  varias o todas las gracias que el Padre otorga por medio de Jesús  pero ninguna por medio de la ley (Juan 1.17, Gálatas 4.24-25  y 30), aunque nosotros digamos que somos sus hijos escogidos; nos resultaría muy útil que ya mostráramos ser solícitos en la búsqueda de la verdadera unidad, no sea que, habiendo siendo heraldo para muchos, nosotros mismos quedemos eliminados (1ª. a Corintios 9:27).

 

  1. Los ministros que quieran ser solícitos en guardar la unidad en el Espíritu, necesitan antes estar viviendo permanentemente algunas experiencias espirituales, por ejemplo:

 

  1. Vivir en paz. Son muchas las cosas que suceden a nuestro alrededor, y que comúnmente con facilidad nos han robado la paz. Algunas veces ni nos damos cuenta de ello, y cuando sí lo notamos, pareciera que no vale lo suficiente como para esforzarnos en recuperarla, porque ignoramos que la paz es una joya en el tesoro del reino, indispensable para intentar la unificación de las iglesias, porque esta es posible lograrla solo por aquellos que viven el vínculo de la paz.

 

  1. Ser pacificadores. Solo quienes viven con paz interior pueden pacificar a otros (Mateo 5.9), pero no los ministros que todavía se enojan contra su hermano (Mateo 5.22), contra su ministro ayudante, su esposa, sus hijos, sus empleados, etc.; no los que todavía se irritan, discuten, se angustian, tienen miedos y temores, son injustos, dominantes que se enseñorean de los demás, etc.

 

  1. Haber sido glorificados (Romanos 8.28-30, 2ª. a Corintios 3.18 y 13-17, Juan 17.22). Quienes afirman que la gloria de Dios se manifiesta en sus cultos o ceremonias; pero no anhelan la unidad de las iglesias, o la anhelan pero no caminan solícitamente hacia la consecución de ella, ya pueden irse preguntando si tal gloria es verdadera o disfrazada por el enemigo, o solo una frase de engañadores que atrae a multitudes de ingenuos.

 

  1. Los líderes religiosos de hoy, al igual que los de cualquier generación pasada y futura, se dividen porque ponen en primer lugar sus dogmas y doctrinas. Por el contrario, los pocos que  son espirituales, ponen en primer lugar el anhelo de Su señor, y en consecuencia, hacen todo lo que sea necesario por amarse los unos a los otros, servirse los unos a los otros, ser miembros los unos de los otros, suplirse los unos a los otros, soportarse con paciencia los unos a los otros. Cuando unos pocos ministros sean solícitos en guardar la unidad en el Espíritu, los dogmas y doctrinas pasarán a un término que comparativamente carece de importancia. Estas cosas las llegarían a considerar basura, si pudieran compararlas con la excelencia del conocimiento de Cristo (Filipenses 3.8).

 

 

Ministerio de Enseñanza “Nuevo Pacto”

Hno. Ramón Oliveros Ochoa

Hna. María Auxilio Carrillo Ibarra

Mayo de 2011