14.- El silencio de los profetas

Si de aquello que solo era figura y sombra de las cosas celestiales, a Moisés le fue ordenado que lo hiciera conforme al modelo que se le mostró en el monte (Hebreos 7.44 y 8.5), ¡¡¡cuánto más nosotros!!!, si queremos ser ministros competentes del nuevo pacto, no de la letra de la ley (2ª. a Corintios 3.6), deberíamos obedecer al Señor (Juan 14.15), y edificar la iglesia de Jesucristo conforme al diseño que ÉL nos muestra en el nuevo testamento, porque Jesucristo no es mediador del viejo pacto (Hebreos 12.24), como tampoco es sacerdote levita del pacto antiguo (Hebreos 7.11).

 

Repetimos muchas veces que el Señor viene ¡pronto!; pero eso no sucederá todavía mientras no se halla predicado este evangelio del reino (Mateo 24.14), ni hayamos forzado a entrar (Lucas 14.23) a la plenitud de los gentiles (Romanos 11.25. ¿Está Israel bajo ataque? Es culpa de nosotros los “cristianos”, porque hemos nulificado la obra pacificadora de Jesús en la cruz entre Israel y los demás pueblos (Efesios 2.14-16), al hacer que las iglesias vivan en una mezcla de ambos pactos, siendo que Jesucristo ya abolió el antiguo (Efesios 2.15, Colosenses 2.14, Hebreos 7.18-19 y otras), porque cuando se hace un nuevo testamento, el anterior pierde su validez (Hechos 8.13).

 

Si viviéramos en la locura de la cruz como lo hicieron aquellos ministros competentes de la iglesia primitiva, Dios continuaría hoy y durante todas las generaciones (Efesios 2.7) destruyendo la sabiduría de los sabios y el entendimiento de los entendidos, por las demostraciones de poder (1ª. a Corintios 1.19 y 18, 2.4-5 y 4.20), manifestadas a través de ministros aprobados (Hebreos 2.4). Haciéndolo así, la iglesia cumpliría su misión en este mundo ante los principados y potestades celestiales (Efesios 3.10) que todavía lo gobiernan por la escasez de ministros que militen en el Espíritu (2ª. a Corintios 10.3-5).

 

 

EL SILENCIO

DE LOS PROFETAS

(Solo para ministros de la iglesia)

 

1.            Por decisión propia y muy de acuerdo con Su soberanía, Dios se ha impuesto a sí mismo la obligación de anunciar absolutamente todo lo que hará, a través de sus siervos los profetas (Amós 3:7).

 

2.            En el antiguo testamento podemos leer acerca de muchos acontecimientos, los cuales fueron  anunciados con la debida anticipación. Algunas profecías tardaron más de 500 años; pero todas han sido cumplidas a Su tiempo. Por lo que respecta  al nuevo testamento, encontramos lo mismo: Algunas profecías ya cumplidas, otras que están pendientes para un futuro que puede ser lejano o cercano, según nuestra muy limitada percepción del tiempo.

 

3.            En ambos casos se ha referido tanto a profecías personales como familiares, de una ciudad, de una nación o del mundo entero. El asunto central en toda profecía es su ineludible cumplimiento, entendiéndose esto de las verdaderas.

 

4.            En la cultura latina ocurren sucesos a los cuales llamamos “fenómenos naturales”. En la cultura anglosajona los denominaron “actos de Dios”. Por nuestra parte, los creyentes hemos leído en la biblia que todo lo que trae destrucción (terremotos, ciclones, huracanes, tormentas, tornados, tsunamis, etc.) son actos directos y muy personales de Dios, manifestando a través de ellos Su ira en contra de la humanidad. El pueblo afectado no necesariamente es más pecador que los demás (Lucas 13:1-3). Cuando el huracán Katrina, se dijo de una iglesia que fue totalmente destruida, y a menos de una cuadra de distancia, una cantina quedó intacta.

 

5.            A través de los siglos y en todas las culturas, Dios siempre ha ejecutado sus juicios oportunamente, y no solo utiliza para ello a las fuerzas naturales, sino también a personas. Nabucodonosor destruyó a Jerusalén y su templo, llevándose cautivos por 70 años a muchos de los israelitas, en cumplimiento de una orden directa de Dios, aunque él no se haya dado cuenta. Así por ejemplo, las bombas de Hiroshima y Nagasaki, la guerra del golfo pérsico y el derrumbe de las torres gemelas, son actos de Dios, a través de los cuales descargó su ira.

 

6.            Los israelitas de aquellos tiempos antiguos, cuando vieron lo que aconteció, se convencieron que realmente Dios había dado a conocer con anticipación sus juicios en contra de ellos a través de sus profetas. Y aún así, muchos de ellos no se arrepintieron. Por lo que respecta a los japoneses, a los iraquíes y a los norteamericanos, como naciones les pasó desapercibido que hubieran sido actos de Dios, porque los pueblos no perciben la causa espiritual de los acontecimientos. No lo entienden los pueblos paganos, pero tampoco lo disciernen quienes dicen ser el pueblo de Dios, ni sus dirigentes. 

 

7.            En cuanto a los desastres naturales recientes, vemos que, aunque en todos los países existen iglesias cristianas, los supuestos profetas que hay en ellas no se hicieron escuchar con anticipación. ¿Cuál es la causa de este silencio?

 

8.            En esta situación, podemos llegar a tres posibles conclusiones:

 

a)     Dios ya no cumple su compromiso de anunciar absolutamente todo lo que ha planeado ejecutar,

 

b)     Los profetas están espiritualmente distraídos o dormidos y no han escuchado a Dios hablarles, o

 

c)      No hay profetas verdaderos, ni uno solo.

 

9.            ¿Cuál de las tres posibilidades considera usted que sea el reflejo de la realidad? Obviamente es necesario descartar la primera y la última, pues Dios no puede negarse a  sí mismo. Así que indefectiblemente nos quedamos con la segunda conclusión.

 

10.       ¿Qué le sucede a los pueblos que no reciben profecía de parte de Dios? (Me refiero tanto a los pueblos paganos como al pueblo “escogido”). Se desenfrenan, pierden el rumbo, se extravían. Eso es lo que sucede hoy en día. Los pueblos no acuden a Dios sino que a través de los científicos, buscan una explicación natural a todos los acontecimientos,  y se afanan en predecirlos, destinando recursos incalculables. En algunos casos han encontrado respuestas aproximadas que les ayudan a pronosticar. O acuden a la adivinación, manifestada de muchas formas. Lamentablemente, los “cristianos” acuden más a los pronósticos del tiempo que a la palabra profética.

 

11.        ¿Qué sucedería si los profetas estuviesen despiertos y anunciaran lo que va a acontecer, explicando el qué, el por qué, el cómo y el cuándo de Dios? Habría conversiones verdaderas incluso entre los mismos científicos, pues ellos no encontrarían una explicación razonable en base a su sabiduría humana respecto a cómo puede ser posible que un “profeta loco e ignorante” de las cosas científicas, hubiera hablado con anticipación y exactitud de lo que está por suceder.

 

12.        La voz de los profetas es una de  las formas más eficaces por la que Dios puede, todavía hoy, destruir la sabiduría de los sabios y desechar el entendimiento de los entendidos (1ª. a Corintios 1:19).

 

13.        Quienes han sido llamados al ministerio de la profecía, sabiendo que tienen ese don de parte de Dios, dense cuenta de la enorme diferencia que habría en la humanidad, si ésta escuchara oportunamente una profecía verdadera. ¡Qué grande es vuestra responsabilidad! ¡Qué obra a prueba de fuego es la que pueden hacer! ¡Qué galardones se están quedando sin quien los reclame en la fiesta de las bodas del Cordero!

 

14.        Por lo que respecta a la edificación de la verdadera iglesia de Cristo, el ministerio de profeta es muy importante, y está de más citar referencias neotestamentarias, pues seguramente usted las conoce bien.

 

15.        Y pensar que en muchas iglesias, el ministerio del profeta está anulado. ¿Qué podrán responderle a Jesucristo quienes tomaron esa decisión, y quienes la toleran, sabiendo que Dios puso ocho ministerios para edificar a Su iglesia (1ª. a Corintios 12:28) y Jesucristo constituyó cinco para perfeccionar a los santos? (Efesios 4:11-12). Los líderes religiosos que han provocado esta deficiencia, son hacedores de maldad, no podrán ser recibidos con los brazos abiertos, porque están en idolatría de sus propios pensamientos.

 

16.        ¡Ten misericordia, oh Dios! ¡Despiértanos de este sueño!

 

17.        En muchas denominaciones han tenido la brillante idea de suprimir apóstoles y profetas. ¿Podrá algún ministro hacer una maldad (Mateo 7:23) mayor, que esta de reprobar al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo? ¿O de ofrecer fuego extraño que Él nunca mandó? ¿Recibirán algún galardón por las muchas obras que están haciendo “para Dios”? ¿O serán castigados todavía más por esto que por someterse a la ley de Moisés? (Hebreos 10:29).

 

18.        En muchas iglesias no es permitido que se manifiesten las expresiones del Espíritu, en un acto de franca rebeldía al Señor. Por supuesto que en estas iglesias no hay profetas, no hay quienes hablan en lenguas ni quienes interpreten. En consecuencia, no pasan de ser clubes religiosos establecidos para entretener a gente religiosa, que permanece allí porque se le da aquello que satisface a los religiosos.

 

19.        Podemos tener muchas buenas razones humanas para eliminar el ministerio del profeta: Que son rebeldes e insumisos, que se creen más que los demás, que . . . . . . lo que usted quiera. Ninguna razón le será válida delante de Jesucristo. ¿Acaso Él no conoce nuestra naturaleza humana? Y sin embargo, fue el Padre quien puso profetas en la iglesia (1ª. a Corintios 12:28) y Jesucristo quien constituyó profetas como uno de sus ministros indispensables para perfeccionar a los santos (Efesios 4:11-12).

 

20.       La actividad profética es absolutamente indispensable en la iglesia, ya que a través de los profetas, Dios comunica la visión que ÉL tiene para cada congregación en lo particular como parte del Cuerpo de Cristo, de manera que no se extravíen en sus propios planes (Proverbios 29:18). Además, los profetas consuelan y confirman a los hermanos (Hechos 15:32), edifican, exhortan, consuelan (1ª. a Corintios 14:3) y descubren lo oculto del corazón para dar testimonio irrefutable de que verdaderamente Dios está en medio de nosotros (1ª. a Corintios 14:25). En cada congregación debe haber por lo menos tres profetas (1ª. a Corintios 14:29-32).

 

21.        Nada escapa al escrutinio de Dios, y a todo aquel que tenga una vida oculta reprensible, ciertamente Dios lo va a reprender a través de los profetas, porque a ellos les revelará oportunamente la realidad, si es que son auténticos, si fue Él y no el hombre quien los nombró ministros.

 

22.       En hechos 13 nos encontramos a Saulo de Tarso y a Bernabé formando parte de la iglesia que ya estaba constituida en Antioquía. Ellos dos ya estaban desempeñando un ministerio asignado por Dios, y con toda seguridad que allí había también apóstoles, evangelistas y pastores, solo que en ese momento que se narra no estaban presentes. ¿A través de quién habló el Espíritu Santo para dar las instrucciones? Necesariamente a través de un profeta, porque este es el ministro que Dios utiliza para comunicar planes e instrucciones. Pudo haber sido Níger, Lucio  o Manaén.

 

23.       Ahora pasemos a indagar o averiguar qué fue lo que sucedió para que las iglesias cristianas llegaran a la rebeldía de suprimir el ministerio/diaconía de profeta. Por una parte, los profetas no supieron ceñirse a comunicar exclusivamente lo que fuera palabra de parte de Jehová. Ellos, viendo que todo cuanto decían era creído por la congregación, empezaron a desviarse hacia sus emociones y propósitos personales, empezaron a sacar ventaja de ello y a ejercer control y dominio sobre las vidas particulares de los congregantes, llegando de esa manera a la situación de que el oficio de profeta está bastante desacreditado.

 

24.       A su vez, eso sucedió así porque en las congregaciones no hubo ministros vigilantes y sobrios que descubrieran las artimañas del enemigo, que se dieran cuenta de qué manera el adversario se infiltra muy astutamente en las reuniones de los creyentes, con disfraces muy bonitos, muy llamativos, con apariencia de bien.

 

25.       La solución para no darle entrada al enemigo por lo que respecta a los profetas, es que toda palabra que el profeta diga de parte de Dios, debe ser juzgada por los otros profetas y más aún, debe venir acompañada de una evidencia, ya sea un acontecimiento pasado del cual se pueda dar fe que el profeta no tiene conocimiento de manera natural, o mejor todavía, de uno o más acontecimientos a futuro inmediato (1º. Samuel 9 y 10).

 

26.       Esto es lo que sucedió en el caso de Saúl cuando fue a buscar al profeta Samuel por el asunto de las asnas perdidas. El profeta Samuel le dio palabra de parte de Dios, le dio una evidencia de hechos pasados recientes (9.20), y tres acerca del futuro inmediato, las cuales se cumplieron al pie de la letra (10.1-9). Así debemos hacerlo nosotros en las congregaciones de la iglesia, para tener certeza de la palabra emitida, para cerrarle las puertas al enemigo y no dejar que se meta, para cuidar tanto al profeta como a la congregación. Hemos de ser astutos como serpientes, no desconocer las artimañas del enemigo. Pero la realidad es que hemos sido muy ingenuos, y los ingenuos no son siervos fieles, están reprobados, no encuentran la puerta estrecha.

 

27.        Los profetas son parte muy importante del equipo ministerial que edifica una iglesia y perfecciona a los santos, haciendo la actividad que les es propia, y que a ningún otro ministro le corresponde hacer, en sumisión unos a otros, no todos a uno. Esto es indispensable para que los miembros del cuerpo estén sometidos a la única cabeza que hay en la iglesia de Cristo, a fin de que de ÉL reciba crecimiento (Efesios 4.15-16).

 

Ministerio de Enseñanza “Nuevo Pacto”

Maestro Ramón Oliveros Ochoa

Diciembre de 2011